Turismo rural y agroturismo ecológico en España

El certificado Ecogastronómico: garantía de sabor

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De todas las tareas que desempeñamos al día sólo hay una imprescindible: nutrirnos. De ello depende todo lo demás, y nos define como somos: animales. Por eso, haberlo reducido a un rito banal y casi intrascendente bajo el frenesí “civilizado” retrata tan bien la sociedad en que vivimos, con sus paradojas. De lo que se come se cría: el milagro del metabolismo purificaba nuestro organismo de sol, de mar y hasta de las fuerzas de la naturaleza, pero hoy ingerimos productos transgénicos o de dudosa procedencia, la insustancialidad plástica del mundo sintético que nos rodea: aditivos, conservantes, sucedáneos… Precocinados o almacenados en cámara y supermercados artificiales, generados en invernaderos o granjas industriales, transportados en camiones o avión…

Los alimentos, procesados, están perdiendo el rastro orgánico del que hablábamos hace unas semanas, y el sabor enraizado a la naturaleza que los enriqueció. Pero además, la acumulación de residuos en el mar empieza a contaminar la vida de los alimentos que ingerimos como “frescos”. Hasta en los rincones más lejanos y supuestamente salvajes, desde el fondo del mar a las selvas, encontramos una bolsa del supermercado, una zapatilla de marca o una botella con propaganda. Nada se libra de la viralidad global. ¿Quedan lugares “auténticos”? “Auténtico”, “original”, “salvaje”, “sabor”… Son las palabras más codiciadas en promoción turística. ¿Por qué? Porque aunque disimulemos, sabemos que estamos emponzoñados de artificialidad.

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¿Cómo sabe la leche fresca? ¿Y un buen tomate? Cada vez es más difícil saberlo, y más niños crecen sin saber a qué sabe la Naturaleza de la que son hijos. El planeta, cada vez es más artificial, viciado e irrespirable. Ante ello, el turismo rural da un respiro. Una bocanada de aire puro. Aislado modestamente en la naturaleza, preserva el sabor, el aroma y la calidad original. Otro de los medios por los que el turismo rural contribuye a restaurar la vida es este: desde la Fundación Ecoagroturismo, la “certificación Ecogastronomía” está respaldando a aquellas iniciativas que refuercen la gestión rural regenerando la naturaleza al poner en valor su riqueza autóctona. Turismo rural ya no es solo alojamiento, sino restauración. ¿Qué mayor sabor que el del propio ecosistema en que maduran los alimentos?

Desde este año, la Fundación Ecoagroturismo apuesta por dar este exquisito certificado de calidad a los establecimientos que ofrecen un menú basado en razas autóctonas o en peligro de extinción (y procedentes de pesca sostenible). En muy pocos sitios pueden encontrarse estos sabores olvidados. Si queréis comer un día fuera de casa buscad el certificado Ecogastronomía en nuestro mapa y escapáos a una de estas casas rurales, reductos del planeta salvaje, para saborear su paisaje.