Turismo rural y agroturismo ecológico en España

2.200 km a pie para volver sobre los pasos de su abuelo

Michal Iwanowski

El fotógrafo polaco Michal Iwanowski se embarcó hace unos años en un viaje de 2.200 kilómetros a través de la naturaleza. A pie y en solitario. Su objetivo era cruzar los paisajes que su abuelo y su tío abuelo habían atravesado 70 años antes, en 1945, tras escapar de un gulag ruso camino de su hogar en Polonia. Iwanowski se sumergió en el mundo épico de las historias familiares, para convertir el mito en realidad y volver a un lugar para el que el tiempo no había pasado, en busca de parajes, olores y recuerdos que no eran suyos, pero que sentía como propios. De ello dejó este fascinante trabajo fotográfico.

Como cuenta el reportaje de The  Calvert Journal, su abuelo y tío abuelo habían sido detenidos como partisanos en la Segunda Guerra Mundial, 1944, y enviados a un gulag en Rusia, del que lograron escapar. La fuga duró tres meses y fue una prueba de supervivencia en condiciones extremas. Los recuerdos de la huída provenían principalmente de su tío abuelo Wiktor, que conservó documentos y notas escritas durante la fuga, señalizando puntos de referencia y eventos en un mapa. Mapa que permitió a Michal planear su viaje y le guió a través de lugares cruciales que su tío abuelo había descrito y Michal siempre había imaginado.

“Por suerte para mí, caminar es mi medio de transporte preferido. (…) Caminar es la mejor forma de fotografiar. Es el ritmo adecuado para que los ojos escaneen el entorno sin cansarse”. Michal planeó cada día del viaje contrastando el mapa de su tío con Google Maps, buscando los puntos de referencia dejados (generalmente un lago, un río, vías de ferrocarril – cualquier cosa que pudiese reconocer). “Hablé mucho, sobre todo a mí mismo, y algunas veces a mi abuelo. La naturaleza salvaje es perfecta para ese tipo de experiencia”.

Michal Iwanowski

“A los pocos días me encontré en un raro estado hipnótico. Los árboles eran como un metrónomo pasando por mi visión periférica, marcando un ritmo. Pronto me di cuenta de que mis ojos se convirtieron en híper-sensibles a cualquier cosa fuera de lo común, algo tan pequeño como la forma de una rama o una piedra (…). La función primordial de los ojos se hizo presente y examinaba la tierra sin esfuerzo, casi de manera subliminal. Y entonces vi la maravilla de todo. La arquitectura sutil de plantas – elementos a los que de otro modo nunca habría prestado atención. Fue uno de los aspectos más gratificantes de ese proceso de larga distancia. La forma en que veo el mundo ha cambiado”.

“Fue inolvidable descubrir que ciertos elementos del paisaje no han cambiado en los últimos 70 años. Mi tío describía un puente de ferrocarril que conduce a Kozielsk donde habían sido emboscados y mi abuelo había recibido un disparo. Mientras estaba en ese puente, pude ver exactamente dónde había tenido lugar la escena. Fue un momento de intensa conexión. (…) Definitivamente he ganado una nueva perspectiva sobre el tiempo al trabajar en este proyecto (…). De repente 70 años ya no es mucho tiempo. El paisaje cambia de forma mucho más lenta de lo que la gente aprecia. (…) Mientras caminaba era casi como estar en una cápsula del tiempo. Veía los árboles, los caminos, las rocas y colinas como los había visto mi abuelo. A veces casi sentí que estábamos ocupando el mismo espacio, cruzando el río Oka al mismo tiempo, siguiendo el mismo camino, oyendo las sierras de los mismos silvicultores en la distancia. Mi conexión con el paisaje era muy fuerte y de alguna manera inexplicable. Como si estuviera en los recuerdos de mis antepasados”.