Turismo rural y agroturismo ecológico en España

¿Qué es la mirada sostenible?

mirada sostenible

Supongamos que baja a la Tierra una inteligencia superior y pregunta telepáticamente a cada persona en qué clase de cosas se reconoce más: la primera está formada por una casa, un coche, un móvil, un ordenador e Internet; la otra, por un árbol, una res, nubes, tierra y aire. La respuesta no admitiría reflexión, sería intuitiva y sincera, eligiendo cada uno la clase de cosas que está más presente en su vida y valora más.

Al día siguiente, los del primer grupo se quedan sin árboles, pero como la mayoría vive en ciudades, apenas lo nota. Los del segundo se quedan sin casas, a la intemperie, teniendo que guarecerse bajo los árboles ante la burla de los otros, que les tachan de soñadores o cosa por el estilo. El segundo día, los primeros se quedan con los coches y los segundos, pues, con las reses, aumentando la chanza.

Al tercer día los primeros empiezan a notar la ausencia de pájaros y de otros animales, pero como tienen móviles y teles, suben el volumen para humanizar el paisaje estéril que los rodea. Al cuarto día se quedan sin tierra, y aunque hace años que no la pisan, empiezan a echarla de menos al descubrir que el asfalto no da de comer ni puede cultivarse. Poco a poco, aislados en su riqueza material, se alimentan peor, mientras los otros, más pobres, son cada vez más ricos en naturaleza y vida.

Por fin, al quinto día, el primer mundo se queda con Internet, pero a medida que ganan wifi, escasea el oxígeno y empiezan a morir. La inteligencia superior se va, probando que las cosas que menos valoramos son las que más necesitamos y las que menos, las eclipsan. Probando que hay más de nosotros en cada árbol o cada nube que en cada aparato. La Tierra queda en manos de los que por tener menos tienen los pies en la tierra y aún distinguen las voces de los ecos…

Es una fábula simplista, pero explica qué es la mirada sostenible: la mirada que filtra, de todo lo que nos rodea, lo que es esencial a la vida y sostiene y hace posibles los avances y caprichos técnicos que la eclipsan. La mirada que exprime la pulpa orgánica del paisaje y relega su cáscara artificial al valor de una herramienta, probando que la realidad artificial que forra el planeta y copa nuestra imagen del mundo es el negativo de la que deberíamos tener.

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La mirada sostenible sería la que ofrecerían unas gafas opuestas a las Google Glass, que en vez de mostrar la Realidad Aumentada, revelasen sólo la realidad sustancial, ineludible y original. La del ecosistema gracias al que vemos. En una ciudad, arrancaría y levantaría como una alfombra toda la costra de asfalto o plástico que la cubre, dejando al descubierto la tierra desnuda en que se cimentó y las cavidades de los edificios. Dejaría en pie sólo lo que vive o contribuye a la vida: la vegetación, los seres vivos, el relieve del lugar, los manantiales que surtía y la calle tapió. ¿Para qué? Para nada. Por el hecho de aprender a “ver” las cosas por lo que valen, desenmascarar los mapas de carreteras, y guiarnos más por el mapa más fiable, el físico, único fiel a la superficie terrestre tal como es y creó la vida.

Como ya recordamos, Proust decía: “El verdadero viaje de descubrimiento no consiste en buscar nuevos paisajes, sino en tener nuevos ojos”. Esta es la mirada sensible  a la huella ecológica, la que guía el progreso sostenible que desde este rincón defendemos.