Turismo rural y agroturismo ecológico en España

El Hatillo: el sabor de lo tradicional, a golpe de clic

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El estilo de vida ajetreado, estresante y a toda prisa que se lleva en las ciudades es una circunstancia que, más allá de factores como la personalidad de cada uno o el tipo de trabajo que se desempeñe, condiciona sobremanera el día a día de muchas personas. Las ciudades están más llenas de gente y tienen un ritmo más rápido, mientras que la vida rural es más relajada y menos congestionada. El ritmo más lento de las áreas rurales proporciona un sentido de comunidad que hace que la gente sea más accesible.

Esa diferencia de estilo urbano – rural se hace más patente si cabe cuando hablamos de alimentación. La magnitud de la ciudad, la diversidad de opciones y ese ritmo acelerado ha conllevado poco a poco que el procurar una alimentación sana y saludable haya bajado en el orden de prioridades de la gente. El auge del fast food es una clara muestra de que, en las ciudades, son muchos los que no se plantean cuál es el origen o el proceso de elaboración de los alimentos que consumen. Aunque los niveles de conciencia están cambiando en líneas generales a pasos agigantados, en la ciudad cuesta más de lo debido saber más sobre nuestra alimentación. Se compran, preparar e ingieren frutas y verduras si saber su procedencia, la forma en que se han cultivado, la calidad de las mismas o si se han empleado modificaciones genéticas en su producción.

Por el contrario, la cadena de valor del producto a consumir en el medio rural es mucho más sencilla. La trazabilidad desde el campo hasta la mesa y los métodos de producción son fácilmente detectables, en la medida en que en la amplia mayoría de casos se tratan de producciones locales, cuando no directamente propias del consumidor. Ese valor es algo que la gente de pueblo lo lleva grabado a fuego en su ADN, doblemente apreciado cuando abandonan ese contexto rural para sumergirse en uno urbano, como ha pasado en buena medida en las últimas décadas debido al creciente éxodo rural. En ese sentido, volver al pueblo es volver a disfrutar de esas cosas auténticas en torno a un ambiente más tranquilo, saludos y sonrisas amables por doquier, a esa esencia rural más relajada.

También un retorno a esos sabores de verdad, a esa alimentación saludable que toma presencia en el maletero lleno de productos del pueblo, encargados por amigos o familiares, de vuelta a la ciudad. La gracia del asunto es que, hoy en día, las nuevas tecnologías han abierto un nuevo abanico de posibilidades para que esa opción sea más accesible para urbanitas sin acceso directo a esos tesoros agroalimentarios del rural. Al menos ese es el planteamiento que se hicieron en su día los promotores del proyecto El Hatillo, un portal web que nació para ayudar a productores a tener su propia plataforma de venta online, agrupados por pueblos para facilitar el poder responder mejor a los pedidos y reducir así los gastos de envío.

el hatillo

El nombre no deja de ser paradigmático, no en vano un hato o hatillo es ese característico trozo de tela en el que hasta hace no mucho tiempo los habitantes del medio rural se iban a faenar al campo por más de un día, echando dentro la comida, la ropa y todo lo necesario. Esa esencia rural, simple y auténtica, representada en el hatillo, es el valor intrínseco que se pretende transmitir con la iniciativa. Y a juicio por su crecimiento, parece que los usuarios lo están sabiendo apreciar, ya que en pocos meses han logrado incorporar hasta 15 pueblos de diferentes zonas de la geografía española, agrupando todo tipo de productores. El sabor de lo tradicional, a golpe de clic.