Turismo rural y agroturismo ecológico en España

Recordando a Félix: la naturaleza ante el turismo

félix rodríguez de la fuente

“Se habla mucho de política, se habla mucho de deportes, se habla mucho de tecnología, pero la más acuciante de las decisiones del hombre actual es la conservación de la naturaleza”. Lo dijo Félix Rodríguez de la Fuente hace más de 30 años. Y no hemos evolucionado. Puede que el medio ambiente haya ganado presencia en la sociedad, pero más retórica que práctica. Siguen interesando infinitamente más la política, los deportes o la tecnología, que la naturaleza, porque se la sigue mirando de lejos, al margen, seguimos viviendo fuera de ella, insonorizados en el búnker urbano.

Contribuimos a la carcoma de ecosistemas que nos rodean, como si nos fueran ajenos, o en palabras de Félix, como si fuésemos extraterrestres minando el planeta de forma paulatina y calculada. Félix Rodríguez de la Fuente no es sospechoso de radical. Al contrario, conserva su autoridad científica. La manía social de etiquetarlo todo relega a las personas que extralimitan sus categorías, y Félix es una de ellas. Una de las voces más lúcidas de la España de posguerra no se estudia en los colegios como otros grandes nombres, ni en literatura, ni en arte, ni en ciencias, porque el naturalismo está fuera de la cultura oficial.

La obra de Félix no puede exhibirse en museos ni apreciarse en bibliotecas. Está más allá de sus documentales. Justo al otro lado, en la conciencia viva de la naturaleza. Y eso, claro, nos coge lejos. Más que un naturalista fue un humanista, un neohumanista defensor de la dimensión ecológica del hombre. Su singularidad en nuestra historia reciente supera a Picasso o García Lorca, porque estos nadaron en las corrientes de su tiempo entre otros grandes pintores y poetas, pero Félix fue único e insustituible. Su voz, a contracorriente, nos legó más mensaje, verdades y acción que cualquier artista o vanguardia estética. Su oratoria, espontánea, sin guiones, dio prueba de convicción y clarividencia, haciendo lo que decía y diciendo lo que pensaba a una España que huía del campo como del lobo, ávida de desarrollo urbano.

Esta semana la prensa destacaba la tendencia creciente de invertir en islas como paraíso inmobiliario, privado o turístico: el lujo insultante de comprarse una isla. ¿Qué derecho tiene nadie a privatizar lo que es de todos? ¿Del planeta? Una joya de biodiversidad labrada y sacralizada por el universo a lo largo de millones de años, que podría durar otros tantos, más grande y longeva que nosotros, mutilada de forma irreversible y excluyente en una sola generación. Ante ese modelo de vida y consumo, el turismo integrado en la biodiversidad y sensible a la huella ecológica, se perfila como un nuevo nomadismo.

Quizá la única forma de entender el valor de Félix sea viendo las cosas desde el otro lado, con él, dándose cuenta de que la realidad es más pequeña e imperceptible que el materialismo que nos rodea, está detrás: en el aire, la tierra o el agua, en las partículas y átomos, en los insignificantes virus capaces de aterrar al gigante primer mundo como un ratón a un elefante. Esa realidad llamada naturaleza, basada en la unidad e interrelación de los seres vivos, de los elementos y los sentidos, es de la que vivimos aislados y anestesiados.

felix2

Estamos más y mejor comunicados que nunca a nivel mental, pero el aislamiento físico de la realidad que nos hace vivir y de los seres que la forman nunca ha sido mayor. Compartiendo la importancia de acercar a la sociedad a esa realidad, desde 2011 la Fundación Ecoagroturismo y la Fundación Félix Rodríguez de la Fuente colaboran ofreciendo descuentos e incentivos especiales a todos los miembros del Club de Amigos de Félix: la naturaleza como destino de experiencia y de conciencia en ese viaje iniciático que él nos enseñó.

Comentarios

  • Manuel Galán

    Interesante artículo. Sois, a pesar de hostelero, un escéptico en pensar que el turismo sea sostenible. Creo que no lo es. Podemos ponerle adjetivos de responsable, integrado en el desarrollo comunitario, comprometido, pero pienso que es una actividad que, además de no estar al alcance de todo el mundo, tiene un elevado impacto por los movimientos que supone. Donde yo vivo, en Somiedo, ese dilema entre naturaleza y turismo está cada vez más latente…..vuelve a haber más turismo, alguno vinculado a estas carreras de moda últimamente con las que no estoy demasiado a favor a pesar de que nos traiga gente. Pienso que el hombre y la mujer hemos ido cambiando el paisaje y la naturaleza a nuestro antojo, según nuestros intereses, fueran de carácter particular o colectivo, pero siempre utilizando la naturaleza para nuestro beneficio.

  • Aldan

    Gracias por el comentario Manuel. No sé dónde leí que el hotel más ecólogico es el que no llega a construirse. Está claro que cualquier actividad turística, por pequeña que sea, necesariamente deja huella en el paisaje. Ahora, creo que esa huella sí puede mimetizarse en el ecosistema y a veces hasta favorecerlo, por temas como la resiliencia. Hoy por hoy, una casa rural en el mapa puede ser como una sede de Cruz roja en la naturaleza: sanea su entorno. Sin ella, quién sabe cuánto tardarían en amenazarlo… Un saludo.