Turismo rural y agroturismo ecológico en España

¡Ruraling! La dinamización del rural

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Nos guste o no, la imagen del “rural” sigue estrechamente ligada a lo rústico: mezcla de agreste, anticuado y pobre. Una connotación de atraso, y hasta de suciedad, a ojos del esterilizado (y estéril) progreso sintético de las ciudades. Para muchos viajeros, ese atraso o esa rusticidad es la llave de una auténtica experiencia de viaje, llena de encanto pintoresco, tradicional, sabor, singularidad, etc. Para otros, cada vez más, no es el atraso, sino todo lo contrario, su innovación y progreso sostenible, lo que evoca hoy el rural. Ejemplo de ello son las casas rurales que refinan su carácter rústico con un confort y diseño interior que compense la naturaleza que las rodea, o con novedosas técnicas de permacultura y bioconstrucción.

Sin embargo, para esa inmensa mayoría que se siente “más de asfalto que un semáforo” a la que debe aspirar a abrirse el mercado, la imagen de atraso, aburrimiento o incomodidad rural es aún predominante, peyorativa y nada atractiva, cosa que ralentiza y frena donde no debe hacerlo (en los grandes núcleos y medios de comunicación) la verdadera sensibilización y concepción social del medio rural como alternativo proyecto de vida o destino turístico: precisamente porque esa idea negativa es la que históricamente  ha acuñado la ciudad desde su orgullo civilizado.

¿Pero qué pasa ante el panorama de las nuevas tecnologías? Si facilitan un mismo acceso a la información y la comunicación que las ciudades, el tópico del “aislamiento rural” empieza a resquebrajarse, siendo las ciudades las que, ante el aumento de la contaminación, los malos hábitos alimenticios o el estrés, pueden empezar a etiquetarse de decadentes, ruidosas, estériles o sucias, desde un medio rural moderno sosteniblemente, más pródigo, más lozano, cívico y visiblemente más sano.

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Como ya se ha comentado, ciertas palabras arrastran prejuicios de otro tiempo que deforman su significado y toda su estética. Ya basta de asociar lo rural al pasado triste y gris, de boina y pañuelo, de ancianos y curas. Basta de desdeñar lo rural desde la superioridad esnob de unas ciudades presas de sí mismas. Y basta de ver la agricultura y la ganadería como trabajos deshonrosos cuando son los más dignos de prestigio como principales garantes de nuestra alimentación y subsistencia.

Las nuevas tecnologías, los valores Bio y los ejemplos de emprendimiento joven e innovación sostenible en el campo redefinen hoy lo rural en Europa. En nuestro país, la sombra del aislamiento agrario y el éxodo rural es aún alargada, pero si el progreso sostenible es una realidad, ésta pasa por la restauración cultural e icónica de lo rural y lo agroganadero. Bajo las nuevas tecnologías, todas sus posibilidades son nuevas: la naturaleza como horizonte de investigación, desarrollo, cultura, deportes de aventura…

¿Y cómo lograr una dinamización del rural invirtiendo la polarizada estética rural-atraso urbano-progreso? Desmitificándola, redifiniéndola al visibilizar las oportunidades y valores jóvenes y vitales de lo rural, a través de los pueblos o “urbanizaciones” como modelos de transición y reconversión sostenible de las ciudades: un objeto sintético no es higiénico y moderno, es inerte y estéril (progreso material), mientras uno orgánico está vivo y es fértil (progreso biológico y sostenible). Ante los alimentos de cámara o precocinados, los frescos y naturales. En vez de un rural sucio, aburrido y anciano, el rural sano, moderno y joven.