Turismo rural y agroturismo ecológico en España

Una ruta teatral por la naturaleza en el corazón de Galicia

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Acabamos de pasar un inolvidable fin de semana en el corazón de Galicia, geográfico y espiritual. Geográfico porque está en pleno centro, y espiritual porque durante dos días despertó sus raíces. Es el cuarto año que Santiago de Albá, en Lugo, celebra el Son d’Aldea (Soy de aldea), una reivindicación de la vida rural más allá de lo imaginable… El eje de la fiesta, además de colosales banquetes bajo el bosque, bailes y música, es la original ruta teatral por sus románticos paisajes, dignos de la novela Los pazos de Ulloa. Los senderistas se abren paso entre viejas casas y bosques, donde a cada paso surgen personajes y escenas de la Galicia antigua. Muchos de los actores son los propios paisanos, jóvenes o ancianos que rememoran a sus padres o abuelos. Un simple cambio de vestuario basta para transportarnos, porque el entorno hace el resto; la lengua, los gestos, el humor y la retranca son heredados. Lo hacen tan bien, que por momentos no sabes si el que está fuera de contexto eres tú, y desde la lluvia inoportuna al rebaño y el pastor que se cruzan por el camino parecen parte del show.

No hay mejor escenario teatral que la naturaleza, porque no ha cambiado en todas las épocas que acogió. Por eso el “roteiro teatral” puede ser una de las apuestas teatrales y senderistas más bonitas del momento, por las posibilidades escénicas del patrimonio natural y etnográfico. Lo pintoresco de cuadros y cuentos se hace real en el trasfondo verde gallego. No se trata de una visita turística teatralizada, una recreación histórica didáctica o un museo viviente. Es más, porque hasta los actores son en parte sus personajes. Durante unas horas vives la naturaleza de otro tiempo, pisando una tierra imaginaria y real, porque el escenario es el vivo lugar en que pasaron esas historias, enmarcadas por robles centenarios que fueron testigo: la cantina; el estraperlo; la emigración; los maquis, la llegada de la luz eléctrica, fueron algunas de las etapas de la ruta. En otras ediciones el público podía espiar la lección de la escuela, la faena de las lavanderas en el río o subirse a los antiguos coches de línea de la clásica casa Cuiña para ir a la “feira”.

Son d’aldea tiene además vocación cultural, ofreciendo la posibilidad de reunir a gente de la cultura y la ciudad a menudo distante y que allí se confunde con el vecindario en franca familiaridad, unidos por sus raíces rurales o por el compromiso ambiental. Ejemplo de ello fueron la charla debate que reunió en el Parladoiro a vecinos y profesores de la Universidad de Vigo y Santiago en torno a la soberanía alimentaria y la autonomía rural, o los debates acerca de la extinción del bosque autóctono por culpa del eucalipto, ante la que se posiciona una interesantísima asociación a la que dedicaremos otro post, Quercus Sonora. La cita, que dura dos días, ofreció íntimos conciertos al aire libre, teatro a cargo del grupo Metátese, organizador del evento junto a la asociación de vecinos O Parzamique, y el agroturismo Arqueixal. Además hubo juegos tradicionales, feria artesanal, y una entrega de premios que agasajó al escritor Suso de Toro o la actriz Tamara Canosa, entre otros. Papel clave tuvo también la ESAD (Escola Superior de Arte Dramática), que colaboró en el rotetiro.

Son d’aldea reabre la naturaleza a la historia. La implicación de los vecinos es un ejemplo para otras zonas, y los niños disfrutan de lo lindo viviendo un cuento real. Las fotos de cada escena son planos de cine, y pasadas a blanco y negro, parecen antiguas. El teatro devuelve a los hórreos, bosques o lavaderos la vigencia que tuvieron y de hecho, tienen, por más vendas que nos pongamos, porque al final las épocas son modas en nuestra cabeza que el resto de la naturaleza ignora. El atrezo es de tierra: si los actores lo escarvan salen patatas. En la fiesta, desde el jamón y los quesos a la leche o el agua, embotellada para la ocasión y traída de una “mágica” fuente cercana, son frescos o artesanos. Además de la guerra al eucalipto, me quedo con uno de los comentarios del debate: hay que hacer un llamamiento a los artistas y cineastas para que promuevan el prestigio del patrimonio rural, a la americana, dignificando al agricultor o al veterinario, injustamente topificados pero con tanto interés como los personajes urbanos.