Turismo rural y agroturismo ecológico en España

Experiencia de ecoturismo: reinventando la vida rural en el hórreo

experiencia de ecoturismo

Uno de los mayores símbolos del patrimonio rural del norte es el hórreo, el antiguo y modesto depósito de la cosecha que acompañaba a las casas de labranza. Arca del oro del campo, el maíz, y tesoro de las familias campesinas confiadas al amparo del cielo, el hórreo era un nido de riquezas agrícolas entre la vegetación. Dispersas por el paisaje rural gallego y asturiano, desde la alta montaña a la orilla del mar, hoy son una reliquia de valor etnográfico, arquitectónico y popular, íntimamente ligada a la vida de generaciones campesinas. A la vida, porque como decíamos, el medio rural es un paisaje anímico y emocional sazonado por la naturaleza.

Hoy el hórreo es ejemplo de restauración rural. ¿Cómo? Una especie de cabaña en las alturas, tentación de niños por su elevado refugio, ¿cuántas escenas furtivas de hurtos y amores habrá cobijado? Su singular belleza reside por un lado en la altura de su puerta, separada del suelo por altas patas de piedra, contra la amenaza de la humedad y los roedores. Por otro, en su intimidad y refugio. El interior es una cámara tapiada de madera en Asturias, y en Galicia trascendida por la naturaleza que la envuelve: entre las rendijas de sus paredes se filtran halos de luz que inciden sobre el maíz o los porrones que cuelgan de las tablas y tejas del techo.

Con el paso del tiempo, su uso ha variado, desde pajar y gallinero a trastero, pero el más novedoso es el que aquí promocionamos: alcoba. De planta alargada en Galicia y cuadrada en Asturias, en su interior abundaba el olor a maíz, a manzanas maduras, castañas, patatas, frutos de la tierra, con su riqueza mineral y variedad de colores y sabores. Echar la siesta allí, entre la maduración del fruto y la luz tamizada por las rendijas, en la turbación lumínica de la sombra y el verdor que ciñe el hórreo, era uno de los placeres del verano. Sólo puede accederse a este altar hortelano por una escalera de madera que se retira o por una de piedra.

En su interior, la naturaleza trasciende por los cuatro costados, pues el hórreo transpira por sus poros: a los pies, tablas de madera bajo las que corre el aire, a los lados, tablas de madera o piedra envueltas de vegetación, y sobre la cabeza, las tejas o paja donde anidan los pájaros; luego el cielo. El hórreo es la entraña de la naturaleza y el buche del campo. ¿Dormir allí dentro? Pasar la noche mecido por el canto de los grillos y el fulgor de las estrellas, al resguardo de su preventiva altura, es lo más parecido a las literas o palanquines con dosel en que transportaban a los nobles de la Antigüedad. Y por la mañana, despertar al día desayunando el surtido de la tierra.

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Es la propuesta de la Quintana de la Foncalada, en Argüeru, Asturias, en colaboración con la Fundación Ecoagroturismo: “Horreo-Aventura”, experiencia sostenible para sumergirse en el entorno natural y familiarizarse “desde dentro” con su biodiversidad. Exitosa idea similar a las desempeñadas en otros países como Suiza (dormir en la paja) y que ya inspira un concurso literario. El hórreo es un hogar condensado y una nostálgica máquina del tiempo. Sólo hay que sacudirse de prejuicios y como recuerdan desde el Ecomuseu, suscribir a Marcel Proust: “El verdadero viaje de descubrimiento no consiste en buscar nuevos caminos sino en tener nuevos ojos”.

Con pleno respeto al paisaje histórico y natural en que se inserta, reviviendo experiencias antepasadas, hoy el hórreo puede ser lo que queramos, ante todo una construcción bioclimática digna de la pura experiencia de ecoturismo. “Hay una enorme necesidad de re-plantear el mundo, de rescatar nuestra imaginación”, recuerdan también desde el Ecomuseu: “Experimentar una noche rodeado de silencio, árboles y estrellas, como tradicionalmente se hacía en el hórreo, sin más recursos que un colchón para el vivaqueo, con un desayuno casero y ecológico para iniciar la jornada”.

Comentarios

  • Bea

    Yo estuve viviendo en un hórreo durante un par de meses en el lejano 1992, en la maravillosa aldea de Temia, en el consejo de Grao. Una experiencia inolvidable y que aconsejo a todo el que quiera volver a encontrarse, te sientes tan cerca de la naturaleza en esta construcción tan ancestral y mágica…