Turismo rural y agroturismo ecológico en España

Turismo rural y experiencias: despertar los 5 sentidos

turismo sostenible

El turismo sostenible, a diferencia de otros, no es un fin, sino un medio. Un medio de aproximación por el que los anfitriones contagian su pasión y forma de vida a los huéspedes, y por el que los huéspedes adquieren esa pasión y forma de vida, llegando al fin, que es redescubrir la naturaleza como el hábitat al que pertenecen: nadie es forastero en la naturaleza. Pero lo parece. Nuestra capacidad de percepción ambiental se ha urbanizado y empobrecido tanto que hoy reducimos la naturaleza a un paisaje o decorado de autopistas, residuo de un medio de vida obsoleto y como mucho, pintoresco. La naturaleza no es un paisaje pasivo, sino anímico. Un estado de ánimo. Una corriente de estímulos donde sumergir el cuerpo y los sentidos, no un trasfondo plano con vistas. Hoy ya solo sabemos contemplarla, pasear por ella como por un museo. La mirada sostenible del turismo rural reivindica la inmersión en la naturaleza como paisaje emocional, con las sensaciones para las que nos predispone el organismo al nacer, hoy exactamente igual que hace miles de años.

Un paisaje emocional que conforman sentidos anestesiados por la ciudad y la cultura de la imagen como el olfato, condenado junto al oído o el tacto a ruidos, humos, gases, asfalto… Esos sentidos nos reportan más información y carga emocional que las imágenes en las que hemos aplanado el planeta y nuestra sensibilidad. Hace poco un estudio revelaba que podemos percibir más de 1 billón de olores, pese a tapiar nuestro olfato en la ciudad. A veces, un olor inspira, sugiere y vale más que mil imágenes, aunque no podamos describirlo. ¿Cuántos matices y vitalidad rezuma el olor de un campo de noche? Marshall McLuhan, el gran analista de los medios de comunicación, advertía de la atrofia de los sentidos por abuso de la vista, abducida hoy más que nunca por las nuevas tecnologías, y de la pérdida del equilibrio sensorial en que vivía antiguamente el hombre. La naturaleza no es un cuadro, es un intercambio de estímulos y energía entre organismos. Sin embargo, ninguna sociedad como la nuestra ha vivido nunca más divorciada y alejada de ella. Por eso el turismo rural, entendido como horizonte de estímulos y liberador de sentidos, es hoy uno de los viajes más largos y apasionantes que podemos hacer…

turismo sostenible

Ya hemos dicho que el turismo rural es el revulsivo de la naturaleza. El turismo es hoy, por un lado, el único hábito social capaz de movilizar tanta gente hacia ella y difundir su valor como destino, dando a probar su habitabilidad de forma activa y moderna, no contemplativa o bucólica. Por otro lado, es la única actividad económica (más que el sector de las renovables) que pone en valor sus experiencias y recursos de forma no materialista: por el valor de la naturaleza en sí misma. El capital con que “trafica” el turismo rural y sostenible no es material, sino humano y natural: más que productos y servicios promociona las sensaciones y experiencias que nos completan como seres vivos, así como valores sobre el territorio y sus habitantes. De alguna forma, el turismo sostenible pone fin a la clásica y comercial concepción “turística” para inaugurar una nueva, definida más por el viaje como experiencia responsable con el planeta y el territorio. La sostenibilidad debiera ser una de las primeras metas de la globalización, porque no universaliza marcas, sino valores, que aplicándose a nivel local redundan a nivel global: el ecosistema que se preserva aquí incide a cientos de kilómetros allí, en el clima, en un río, en un bosque. La naturaleza no tiene fronteras…