Turismo rural y agroturismo ecológico en España

Marca España: del artificio a la realidad

Marca España

El turismo rural refleja bien la distancia que hay entre los políticos y la calle en nuestro país, porque es como el vástago del turismo nacional con el que los políticos posan y fingen interés (medidas oficiosas alejadas de sus necesidades), mientras conceden su tiempo a otros y son los emprendedores quienes en soledad lo promueven. Como si el turismo en España no fuese el espejo de su alma, sino de su política. Para los primeros turistas europeos, la percepción exterior del país era la de un imperio endeudado, entre la leyenda negra y el romanticismo bandolero y exótico: religioso, folclórico y agrario.

Ese romanticismo cesó con la Guerra Civil, y la imagen exterior no se recuperó hasta la recuperación económica y el Spain is different, que la marcó hasta hoy, y que si bien creó su carisma en Europa como destino ocioso, soleado y original (toros y flamenco), redujo la Marca España al turismo, encasillándola en sus tópicos populares y pintorescos (¡Ole!), a diferencia de la imagen cívica o de Estado moderno de Francia, Inglaterra o Alemania, y próxima a Italia, sin su arte. El Spain is different triunfó así más dentro que fuera, elevando a orgullo su desventaja, su complejo de pobre y su sentido del ridículo: “somos así”, y no su sentido cívico o político, que el franquismo frustraba.

Spain is different

Del Spain is different al I need Spain han pasado más de 40 años, y pese a restaurarse la imagen social y política del país, moderno y democrático ante la UE, la imagen turística varió poco, copando aún una Marca España que quiere superar el tópico y aprovechar una diversidad que ni logra cohesionar dentro ni logra trascender fuera. Por ello, el acierto de la última campaña es querer enriquecer la imagen exterior con la sensación que produce España al turista más allá del Sol y playa: su estilo y calidad de vida.

Pero no basta, porque el I need Spain no convence en la situación actual, y aunque la Marca España reivindique otros sectores como el deporte, la moda o la industria, el turismo sigue siendo el motor y escaparate, y hay diferencia entre hacerse valorar por el clima o por méritos propios, por estar al servicio vacacional de Europa o ser un modelo de vida competitivo, ser fachada o contenido. De ahí la necesidad de potenciar nuestro turismo sostenible y agroturismo, que al tiempo que sanean la oferta, conectan al viajero con la calidad de vida local y con el otro gran tesoro de la Marca España en su variedad regional: su producción agraria y las Denominaciones de Origen (terrestres o marinas). Porque cuando creíamos remontar Europa, la crisis, el paro y la corrupción, nos han retrotraído a la deuda y a la duda, revelando la falsa fachada de un progreso de cartón piedra del que el turismo hizo gala y es paradigma.

La arruga es bella. El lavado de cara del atraso español se hizo a costa de la costa, sometiendo a flagrante operación estética su silueta litoral en un política rendida a la especulación y desconectada del sentido de Estado y de la riqueza patrimonial. Como si de botox y silicona se tratara, inyectó a sus playas cemento y ladrillo para estirarse la piel en un lifting turístico que clamando “Sol y playa”, prostituyó su costa y sus islas, hoy en parte artificiales y avejentadas de cicatrices. ¿Qué pasó con el interior? ¿Con la riqueza de una península de singularidad geográfica, donde confluyen climas, paisajes y culturas diversas? La escondió tras el tópico, y sólo ahora empieza a salir del olvido su riqueza y productividad rural al estilo del norte de Europa.

La belleza está en el interior. La Marca España se cuece dentro, haciendo partícipe a la sociedad de esa calidad de vida que pregona, y que si de verdad valora debe sostener, haciendo patria y marca del rural, y de la costa histórica que acuñó su Imperio, como otras naciones. España es una potencia turística que puede innovar en sostenibilidad, como demanda Europa, e internacionalizar su turismo rural, tan original en dehesas, marismas y contrastes ibéricos al eterno y húmedo verde septentrional. Contra “la costa operada”, reflejo de la España falsa y artificial, “la arruga es bella” de la España auténtica y saludable que la naturaleza renueva, impulsando el turismo de interior y la calidad y diversidad de sus recursos.