Turismo rural y agroturismo ecológico en España

¿Hay verano más allá de la playa? Por qué hacer turismo rural en agosto

turismo rural en agosto

El fenómeno playero, tan representativo de nuestra cultura reciente y nuestra economía, se ha arraigado hasta tal punto que parecemos incapaces de disociar verano y playa, olvidando que ese vínculo es un invento del siglo XX, una moda debida a unas condiciones históricas como el turismo o el hábito social de tomar el sol, la desinhibición y la preocupación por la imagen y la estética. ¿Qué habría sido de España sin esa moda? Que se habría visto obligada a cultivar otra economía. Quizá, hasta otro urbanismo. Pero sobre todo, otro turismo. El caso es que la cultura playera llegó, vio y venció. Reforzada y patentada por la industria del ocio y el consumo, la publicidad y la televisión, hoy son muchos los que se preguntarán sin encontrar respuesta qué puede haber mejor que pasar el verano junto al mar.

Pues depende de lo dispuestos que estemos a cuestionar las costumbres propias, y a admitir que puede haber otros escenarios, y sobre todo, hábitos de consumo turístico, tan placenteros o más, con los que disfrutar del verano. Otros escenarios a los que asociarlo y en los que vivir experiencias que den al verano un sentido nuevo y auténtico, alejado de la artificialidad urbanística y la masificación playera, una experiencia del verano ligada a la naturaleza y su estación, como seguramente tuvieron generaciones pasadas. No es que la playa sea el mejor escenario veraniego o antídoto al calor, sino que goza de una infraestructura, unos intereses y una promoción que se han ninguneado en el interior, por ser tan ajeno a las modas estéticas o el culto al cuerpo… Paraísos hay muchos pero no todos son tan rentables.

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Parque Nacional de la Caldera de Taburiente (La Palma, Canarias)

Lo que desde luego no es un antídoto al bochorno y las aglomeraciones son las playas abarrotadas de gente, donde multitud de cuerpos se amontonan disputándose unos metros de arena al chorreo del sol, y cuyas orillas no respiran bajo el hervidero de pies. ¡Qué bien debe respirar la playa al final del verano! La marabunta que fluye por las calles o el metro es esta misma en estado de letargo. Ante ello, a unos kilómetros de distancia que parecen años luz, en las zonas del interior más verdes y húmedas, el río se abre paso lleno de vida bajo el frescor y la sombra de los árboles, que lo protegen y aíslan del resto del mundo. Si de lo que se trata en vacaciones es de evadirse, pocos lugares como este lo garantizan. Ante el expuesto y desabrigado paisaje urbano de la costa, el resguardo vegetal, vivo y montañoso del interior.

Para aquellos que busquen esta alternativa, aquí algunas experiencias de verano que sólo ofrece el turismo rural: aventuras en la naturaleza (kayak o piragüismo en el río, monta de caballos, espeleología, deportes en el bosque, contacto y observación de fauna y flora, salvaje o doméstica como el agroturismo en granjas). El paraíso acuático de las cascadas y piscinas naturales, oasis escondidos entre la vegetación exuberante, rodeados de prados mecidos por grillos, pájaros o mariposas. La tradición etnográfica y popular, las fiestas y ferias gastronómicas… Noches silenciosas de cielos estrellados desde la ventana de una retirada casa rural, sin contaminación acústica ni lumínica, en el aislamiento de la montaña, la cosecha de temporada, madura y jugosa para el desayuno o las comidas (frutas del bosque como las moras), higos, manzanas, ciruelas, tomate, melón, sandía… Turismo rural en agosto en plena esencia. El paraíso de la naturaleza en su madurez estival, ofrece paisajes espectaculares y grandes extensiones para el disfrute privado, lejos de la romería playera.