Turismo rural y agroturismo ecológico en España

La necesidad de un discurso optimista que incida en las potencialidades y no sólo en los errores del turismo rural

turismo rural EspañaEl reportaje de cabecera de la revista Hosteltur de este mes bajo el título “Turismo rural, un producto a revisar” ha puesto una vez más encima de la mesa los principales males del sector, en un contexto en el que todos los indicadores señalan hacia una especie de cataclismo generalizado dentro del turismo rural en España. Son ya muchos meses de caída de la ocupación, de constatación de que la multiplicación de casas rurales ha propiciado una sobreoferta, de comprobar cómo el porcentaje de turismo internacional no es significativo, de ver cómo la guerra de precios es más que patente, de sentir y sufrir como la oferta ilegal de casas de alquiler vacacional bajo el paraguas del turismo rural está haciendo mucho daño o de ver cómo la comercialización online o en agencias tiene una difícil barrera de entrada que superar en el sector. Todo esto está ya más que analizado, desmenuzado y, a grandes rasgos, son cuestiones ampliamente sabidas entre los profesionales del sector. La pregunta es: ¿para cuándo las soluciones? ¿Vamos a estar eternamente analizando las causas para ver quién es el mejor analista o vamos a ponernos manos a la obra para ver de qué manera salimos de esta? ¿Acaso no hay iniciativas, ideas, proyectos o emprendimientos que merezca la pena destacar como referencias para salir de la crisis del sector?

Más allá de una mayor profesionalización, de una mejora de la promoción o la comercialización o de crear normativas únicas, se debe empezar más abajo incidiendo en un replanteamiento del tipo de producto que se quiere ofrecer dentro del turismo rural en España. El problema ha sido desnaturalizar el turismo rural fuera del contexto que le rodea y le da esencia, vender camas con buenas prestaciones sin atender a la realidad socioeconómica, medioambiental y cultural del medio rural. En este sentido, la actividad turística podría ser una oportunidad de mejora y diversificación de actividades tradicionales en el medio rural, dando vida a destinos que, durante años, han sufrido los estragos del éxodo rural y de la ruptura del tejido social y productivo debido al abandono de actividades ganaderas y agrícolas. Por el contrario, durante años no se ha cuidado ni el producto, ni la forma de ofrecerlo, ni tampoco se han atendido a los cambios en las pautas de consumo, ni las formas en las que ha evolucionado la comunicación o promoción turística.

Aún así, existen experiencias innovadoras y creativas que pueden marcar la pauta sobre cómo aprovechar y potenciar elementos singulares de la identidad de los territorios rurales. Modelos ligados al agroturismo, como fórmula de conservación y puesta en valor de modelos agrarios tradicionales y de supervivencia de zonas rurales olvidadas. Las sostenibilidad en un sentido amplio del concepto, desde diferentes vertientes: ambiental, socio-económica o cultural, como una oportunidad de vender experiencias auténticas por las que un tipo de público determinado, nacional e internacional, incluso está dispuesto a pagar más por obtenerlas. Urge lograr que el debate evolucione de una vez por todas desde el pesimismo destructivo actual hacia un optimismo con esperanza, en donde las debilidades sean oportunidades y en donde las amenazas que parecen ennegrecer todo, se conviertan en saber hacer y experiencia, que en el futuro se conviertan en fortalezas. ¿Acaso hay alguien que piense que no hay potencial en el medio rural para atraer visitantes? El sector necesita, como agua de mayo, un soplo de aire fresco y un “reset” generalizado cuanto antes.

Por cierto, ¿dónde queda el papel de la administración pública en todo esto? ¿Le importa a alguien el futuro del turismo rural? En el Ministerio del ramo, el de turismo, parece que no hay mucha intención de que dejemos de ser el patito feo. En el de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente (MAGRAMA), hace meses que tampoco se mueve ficha. Las últimas noticias del grupo de trabajo de Turismo Rural de la Red Rural Nacional datan de julio… y casi fueron las primeras. A eso hay que añadir que la propia Red Rural Nacional no tendrá stand en Fitur este año, así que queda demostrado que, de momento, las soluciones y la salida al caos normativo, legislativo y al evidente agotamiento del modelo imperante de turismo rural tendrá que salir desde el propio sector, sin ayuda de nadie.