Turismo rural y agroturismo ecológico en España

Turismo rural en la playa

turismo rural

Buena parte de las personas que se declaran fanáticas de la playa son a las que sólo les gusta si hace sol, y pese a que parezca una romería, pues más que su paisaje valoran su función. No se quiere hacer una apología purista de la playa desierta, sino del valor que tiene en sí durante todo el año, ajena al sol, y de su ya casi irreconocible vocación rural. Por rural solemos entender campo o interior, pero es todo territorio no urbano, cultivable, incluso en el mar (marisqueo, pesca y artesanía derivada). Y por turismo rural entendemos el no limitado al verano (incluso más de otoño o invierno), por su refugio ante un paisaje rústico o intempestivo. La costa, si se conserva, es en esas estaciones turismo rural de primer orden.

turismo rural

El concepto de playa está reducido por la cultura reciente a escenario de un hábito social (tomar el sol), y por extensión, consumista: restauración, hostelería, ocio… Pero bajo esa concepción -y la red urbana que la materializa y extiende- resiste asomando la playa histórica y real, la discreta causa de tanto revuelo. La playa es el espacio natural mejor valorado por la sociedad moderna, pero se ha culturizado tanto que no lo sabe, no la ve como un hábitat natural e histórico, sino como una extensión más del tejido urbano, funcional y lúdica como una piscina. Ni la alta montaña con sus estaciones de esquí levanta tal pasión. Pese a ello, una vez pasa el verano, todo ese interés se esfuma, y es justo en ese periodo acultural cuando la playa vuelve a serlo.

 turismo rural

Cada playa es una joya única, porque en cada una nace y muere la tierra, siendo la única parte del litoral en que el continente se desnuda y deshace en transición con el mar. Porque por ella han embarcado y desembarcado todas las épocas del ser humano. Toda su riqueza cultural y biológica, decantada y depurada por el tiempo y desdeñada al desplegar la toalla, la sombrilla y materiales no biodegradables sobre su tapiz histórico, debiera ser ponderada día y noche más allá del verano.

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La cultura y la literatura marineras, que tanto enriquecieron el paisaje costero, desaparecen bajo la apisonadora cultura del asfalto, que homogeneiza su sabor y singularidad. Contra ello, ¿qué mejor evasión en otoño o invierno que una posada rural? ¿Qué mayor desconexión que un último balcón de tierra al océano y la imaginación? Ofreciendo rutas a pie o en embarcación tradicional por las playas o el intermareal, las pozas de las rocas (acuarios salvajes), visión submarina (natural o arqueológica), marisqueo, cosecha de algas y erizos, artesanía marinera… España fue una potencia naval y marinera, y la cultura rural de su costa sigue ahí, bajo la ciega concepción moderna, esperando que alguien la reflote o la vea.

Comentarios

  • Manuel

    Independientemente de que coincido con el autor en muchas cosas, quiero darle la enhorabuena por el texto redondo, ordenado, preciso, estético y bien pensado. ¡Un gran artículo!

  • Aldan

    Gracias Manuel, el incentivo es ése, que llegue.