Turismo rural y agroturismo ecológico en España

Turismo rural: más que turismo, activismo

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El turismo rural se sigue viendo en España como una categoría turística más, ligada al campo y la tradición, otro negocio del sector servicios dedicado al descanso o el ocio. Quienes lo tratamos un poco sabemos que además de una tendencia aún por definir y con mucho camino por explorar, el turismo rural extralimita la actividad turística y es antes un revulsivo ambiental, social y económico que otra simple oferta lúdica como el turismo de playa o el cultural. ¿Por qué? Por su novedoso concepto:

Ecológico: el turismo puede ser el hábito social y la actividad económica que más riqueza genera y pone en valor un lugar, al convertirlo en destino y foco de atracción. La única actividad que hace eso por la naturaleza, dinamizándola, es el turismo rural, no ya apelando a la tradición, sino a la aventura, la salud, la innovación o el progreso sostenible, prefigurando el cambio de vida que la sociedad demanda y reinventado la economía rural y sus recursos. Más que una oferta de ocio campestre puede ser el revulsivo ambiental más efectivo.

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Integrador: un hotel no hace más que aislarnos en nuestro papel de forasteros. Ante la recepción de ascensor y moqueta, el turismo rural ha logrado devolvernos la calidez (y calidad) casera y genuina de la hostelería original, autóctona y unida a la forma de vida nativa, desbancada en nuestro país por las cadenas hoteleras y su imagen corporativa, a diferencia del Bed&Breakfast europeo que nunca desapareció. No sólo lo ha hecho en el rural, sino que se ha introducido en la ciudad, con hoteles de gestión familiar y sostenible.

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Experiencial: lo más importante y aún por explotar: reeducarnos a mirar y admirar la vida desde una escala en la que el tiempo se desacelere al ritmo de la naturaleza, la vista vuelva a escrutar el horizonte y la experiencia recupere la intuición de todos los sentidos. Pese a liberar esa experiencia, abducida por las pantallas y el ritmo urbano, nuestra percepción ambiental es cada vez más pobre, de algo de lo que no somos conscientes y que el turismo rural debe desenterrar: la mirada sostenible, de la que hablaremos en otro post…