Turismo rural y agroturismo ecológico en España

Turismo rural, un problema semántico

Turismo rural es turismo real. O más que turismo, viajar, volver a viajar. Las trampas del lenguaje condicionan nuestra forma de pensar y por tanto, nuestros juicios. La palabra turismo la carga el diablo y ya poco tiene que ver con la que en tiempos debió significar recorrer mundo. La expresión “hacer turismo” se usa hoy como sinónimo de entretenimiento contemplativo, de matiz despectivo. Cuando decimos de alguien “parece un turista”, además de pinta hortera le atribuimos un interés por las cosas tan frívolo como efímero, fotográfico; cuando decimos de un sitio que “es muy turístico”, es que destila masificación, artificiosidad o negocio.

Turismo Rural Ceres Ecotur Galicia

“Turismo” es un ejemplo de concepto corrompido por el lucro de quienes lo pervierten. Y es que el mundo se concibe ya únicamente como un vulgar mercado por el que la gente se mueve con la impaciencia o desidia de un ascensor que la lleva de un lugar a otro, escaparates tras los que se exhibe, empaquetada y de oferta, la vida: la naturaleza, la historia, las poblaciones autóctonas, los paisajes, los animales, todo dispuesto y pintoresco para sacar cuatro fotos y volver al hogar, al mismo estilo de vida, sin que lo visto interfiera lo más mínimo en su rutina, o prácticamente lo mismo que una película o un programa: anécdotas que contar.

Pero el mundo es muchísimo más, y sorprende la facilidad con que se olvida, inmersos en el paradigma mediático y convencidos de tanto repetirlo de que hoy el mundo es más pequeño. Un simple experimento revela el engaño: si uno echara a andar vería el mismo planeta de hace 10 mil años. Igual de grande e inexpugnable. La diferencia entre una escala y otra da la medida del error, de la deriva y el delirio que constituye nuestra idea de “mundo”, secuela del antropocentrismo. Las modas y aparatos han ahondado el sueño de la razón al tiempo que eclipsado la evidencia. En resumen: que aunque la mona se vista de seda, mona se queda.

Nada hay más fácil que respirar. Por eso lo olvidamos. Aun siendo la función más vital y desesperada, y definiéndonos mucho más que cualquier otro acto cotidiano, es la menos consciente. Uno prioriza y se identifica más con las cosas que llenan su agenda, desde que se levanta hasta que se acuesta, sin recordar ni una sola vez que lo único indispensable es respirar, y que el artículo más lujoso y sagrado que hay es el oxígeno que tiene ante sí. ¿Cómo puede vivir tan lejos de la realidad?

Turismo Rural Ceres Ecotur Galicia

El turismo rural es turismo real no porque “real” tenga sentido de “auténtico”, sino de contexto: acerca a la realidad, a estas verdades. Ajenos a ellas, y debido a los usos culturales y semánticos, “turismo” no acaba de casar con “rural”. “Turismo” aúna en el imaginario urbanita paseo, confort o hedonismo, y “rural”, aperos de labranza, aislamiento, incomodidad, antigüedad, o sea, falta del sex appeal urbano. Cierto que el “éxodo rural” es aún un trauma reciente. El cambio generacional no ha logrado lavar el tópico de la realidad de hace 40 años. Pero los tiempos han cambiado, y si “la ciudad” lo hace, ¿por qué no “el campo”?

Denotamos con el mismo concepto (“campo”) la realidad de hace un siglo y la de hoy, cuando ya poco tienen que ver. Del mismo modo denotamos con la misma palabra (“viajar”), una experiencia como las Ítacas de Kavafis  y un fugaz transporte en avión o en tren bala. En el primero se ponderaban la experiencia, el entorno y la persona; en el segundo, la experiencia es un monótono trámite de transporte, el entorno es un bonito y desfasado decorado, y la persona juega el rol pasivo de una carga, de una mercancía.

El turismo parece evolucionar a una forma de desplazamiento en la que no sólo la travesía es lo de menos, sino en la que el destino debe adaptarse a las condiciones culturales del turista, a su forma y nivel de vida. Desde que sale hasta que llega, y durante el tiempo que se hospeda, dispone de los lujos con los que suele contar o a los que aspira. De modo que si algunos destinos son paradisíacos pero incómodos al forastero, los coloniza con hoteles y centros comerciales para hacérselos más habitables. Lo de menos es cómo sea el destino, sólo si se transforma le será útil.

El turismo rural es real porque no transforma ni disfraza el entorno, exige por el contrario que sea el turista el que se adapte, readapte, a las condiciones naturales. Precaución aparte merece el abuso de la denominación “turismo rural” con el fin de encubrir sucedáneos tan artificiales como los que pretende combatir.

Afortunadamente, la naturaleza es independiente a cualquier juicio humano, y esto la hace más moderna que todas nuestras categorías. Turismo rural es real porque desde una perspectiva slow invita al reencuentro con la verdad de la que todos -conscientes o no- dependemos. Un mismo bosque es nuevo cada vez, su flora y su fauna distintos, y no hace falta mucho para apreciar que nunca nos bañamos dos veces en el mismo río. Cada vida es un mundo, caminos que la biodiversidad va abriendo y multiplica, ensanchando el espacio y las posibilidades del planeta. Un gran desierto está vacío, no es nada, pero un pequeño bosque está lleno, lo es todo. Es infinito.

El turismo rural reabre una puerta a los ritmos naturales, a la salud, los deportes de aventura, la montaña, la gastronomía y etnografía, al reencuentro con el territorio local. Más moderno es encarar la raíz de la vida que asumir ciegamente el edificio cultural que la sepulta, su impostura. Si una “casa de aldea” connota aún miseria, es culpa de la cultura, no de la natura, del pasado, no del presente. Que la arquitectura proponga nuevas viviendas sin perturbar el medio, reinterpretándolo.

Valiosos ecosistemas están desapareciendo por culpa de un paradigma de progreso cuestionable, basado en valores caducos. Si “el campo” se ha vaciado en los últimos años como se borra un encerado, es hora de volver a llenarlo, de dotarlo de nuevos sentidos, usos y significados. Atendiendo a esto, turismo rural es turismo real, o más que turismo, viajar. Volver a viajar.

Comentarios

  • Germán

    Artículo profundo que invita a realizar una reflexión más allá del propio turismo, cuestionando la base misma de nuestro modo de vivir e interpretar la realidad.

  • Bismilah

    Voy a empezar comentándote que el artículo me ha gustado y resumiendo mi opinión al respecto: sí y no.

    Me explico:

    Estoy de acuerdo contigo en la necesidad del retorno del ser humano al campo, del reencuentro con la naturaleza de la que venimos, de re-descubrir nuestra propia respiración, como tu bien dices. Las ciudades no están hechas a la medida del hombre, somos nosotros los que nos vemos obligados a adaptarnos a un entorno que, aunque nos ofrece ciertos beneficios, a la larga nos daña física y psicológicamente.

    También estoy de acuerdo en que la globalización y el abaratamiento de los medios de transporte han contribuido a convertir el acto de viajar en un mero ejercicio de coleccionismo, en un “ya puedo decir que he estado en tal sitio”; y que en muchos de los llamados “destinos turísticos” se han montado verdaderos parques temáticos para turistas ingenuos y comodones.

    Sin embargo, no estoy de acuerdo en que el verdadero viajar sólo sea ir al campo. Creo que se puede (y se debe) disfrutar de cualquier entorno con conciencia y genuino interés, tratando de evitar que el viaje se convierta en una maratón de monumentos y demás elementos de interés. De todas formas, pienso que la única manera de conocer verdaderamente un lugar es viviéndolo y, por tanto, para conocer el mundo en su inmensidad sería necesario convertirse en una especie de nómada, algo que no está al alcance de todos.

    Un abrazo :)

    • Aldan

      Gracias por tu comentario.
      Yo tampoco estoy de acuerdo en que el verdadero viajar sea sólo ir al campo. No quiero entablar comparaciones entre ciudad/campo ni entre un turismo u otro, primero porque no creo que lo cuestionable sean las ciudades en sí -que son las cimas de la cultura y en cuyo paisaje urbano encuentro también atractivo-, sino el ritmo de vida, la mentalidad; y segundo, porque por “turismo rural es turismo real”, además del juego retórico quiero recalcar que en él la realidad -la que nos recuerda que ante todo somos organismos vivos- es más palpable que en otros turismos o destinos (culturales, de playa, etc.), y sobre todo, que es en la naturaleza donde esa realidad se hace manifiesta y descarnada, para bien y para mal.

      Y a eso es a lo que apunta el artículo, a cambiar de óptica, a concebir “el campo” no como un residuo del pasado, obsoleto y bucólico, para el ocio, sino como una realidad necesaria más allá de gustos personales y ocupaciones lúdicas como el turismo, una oportunidad: las facilidades que tenemos hoy amortiguan los rigores ambientales, y no sería tan descabellada la idea de que la naturaleza haya estado esperando la hora en que la cultura, de tan sofisticada y limpia, hiciera posible el retorno del hombre. O al menos, del hombre sensible a ella que teme dar el paso por los viejos tópicos que lastra “el campo”, todavía, entre muchos colectivos.
      Un abrazo.

  • Gloria

    Estoy totalmente de acuerdo con todo,considero que es un grán articulo.
    Despúes de leerlo que cada uno reflexione que tipo de turismo quiere hacer pero lo que sí es cierto que el turismo rural te llena de vida, salud, tranquilidad y contacto con la naturaleza.

  • Severino

    Enhorabuena por el artículo. Desde la perspectiva del tiempo transcurrido desde los primeros años del turismo rural, entre la aculturación desenfrenada del medio rural y su fijación en tópicos e imágenes muertas, y en este preciso momento de reflexión sobre los modos de producción y de consumo, me parece muy pertinente enfocar la actividad turística en el medio rural (como en otros campos) desde otra forma de entender la realidad y nuestra relación con la naturaleza, de poner el acento en la necesidad de buscar una simbiosis entre la cultura del siglo XXI y el conocimiento campesino en el medio rural, para hacer cohabitable esos espacios donde como bien dices, la realidad se hace manifiesta y descarnada.

    • Aldan

      Gracias. Así lo entiendo también. A veces hay que sacudir de tópicos las palabras para poder ver lo que significan, y en este momento yo creo que “rural” merece ser redefinida desde otra perspectiva, porque la imagen de “pintoresquismo” que arrastra sigue perteneciendo a la óptica dominante que pretende cuestionar, y no le hace justicia. Por eso creo que la ventaja competitiva del turismo rural, por encima de los valores eventuales que busca en él el ciudadano medio (el encanto, la salud, la paz) como quien va a un museo, está el hecho de que el sitio en el que tiene lugar, la naturaleza, no es sólo un entorno para el turismo, sino la única realidad indispensable y el horizonte de las energías renovables y el progreso sostenible.