Turismo rural y agroturismo ecológico en España

Astroturismo rural: un faro a las estrellas

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Hace poco visité el Observatorio astronómico de Forcarei, en los montes de Galicia. Cuando me acerqué ya se estaba haciendo de noche y vi su sombra recortada contra el cielo, en lo alto de una montaña. Su situación solitaria, en permanente observación del cielo nocturno, me hizo pensar en un faro. Como si su telescopio fuese un foco que en vez del mar barriese el universo. Aquella antítesis entre el terruño y el espacio, entre el paisaje ancestral y la tecnología puntera, hacía convivir al pasado y el futuro. Y me recordó al primer faro que conocí, en la isla de Ons, también una noche, y en lo alto de un monte, con una cúpula y un interior hogareño, que conducía por una escalera de caracol al corazón de su ingenio, en lo alto de la torre: la linterna. Este faro era más chato, blanco como un iglú, y de última generación, pero tenía también un interior hogareño. Cuando entré en él se oía música de piano, sus paredes eran de madera y estaban adornadas por láminas de planetas y galaxias, una estantería videoteca repleta de películas de divulgación (Cosmos, Universo), varios telescopios y algunos ordenadores. Por una corta escalera de caracol se llegaba también al corazón de su ingenio, una cúpula capaz de rotar, y por cuya abertura un gran telescopio apuntaba al cielo cuajado de estrellas. Aquella atmósfera aislada pero acogedora, entre futurista por la tecnología, rústica por la madera, clásica por la música, y desolada por el paisaje exterior, más allá de las épocas, me gustó. Abría lo rural a una nueva dimensión, a un puente con el universo y la Ciencia. Y esto, que puede no interesar a mucha gente, me pareció un lujo. Un lujo de esos sitios donde las estrellas aún no se han extinguido.

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El Observatorio de Forcarei abrió sus puertas en 2009, y desde entonces ha atraído a miles de turistas, que se hospedan o cenan en el pueblo, frente a una iglesia, antes de subir al monte. De pronto, una afición tan moderna como el astroturismo pone en el mapa un pueblo antes desconocido. Estando allí arriba, mirando por el telescopio, nace (o se recupera) la afición a la astronomía. Siempre me pregunté qué era lo que hacía especial el momento en que acercas tu ojo al ocular y te quedas a solas con los anillos de Saturno, los cráteres de la luna o las lunas de Júpiter. Cuando posas tu ojo sobre el visor y la lente acota tu campo visual, estás posando tu vista sobre el universo, sobre una región del universo a la que te acercas 75 o 100 veces: súbitamente estás a miles o millones de kilómetros de tus pies, que siguen fijos en la Tierra. Tu vista está viajando más lejos de la Tierra de lo que nunca viajará tu cuerpo, viendo un planeta, en directo, como lo harías desde un remoto punto del espacio. Esa cercanía e intimidad con las estrellas es la magia de la astronomía. Y una casa rural no necesita tanto para experimentar ese “salto” o ese vértigo. Bastan unos buenos prismáticos, un soporte o trípode donde apoyarlos, una guía del cielo, y una iluminación exterior amortiguada por protectores caseros, para no contaminar el cielo… Cada casa rural puede explorar y explotar este recurso natural inagotable al que muchos viajeros se sienten cada vez más atraídos. En las estrellas se inscribe la historia y el porvenir de la humanidad, guiaron a navegantes como Ulises o Colón, y guardan los grandes misterios de la existencia. El astroturismo es un recurso que da a las casas una imagen más completa e interesante, más conectada con el conocimiento científico y la naturaleza total, entendida como un cosmos.

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Comentarios

  • Maria E.

    Gracias! Le sobra razón a mi padre cuando me dice siempre que nos empeñamos en viajar lejísimos y no conocemos lo que tenemos en casa. No sabía que se podía visitar y lo tengo cerquita de casa!!!! Ainssss!