Turismo rural y agroturismo ecológico en España

La historia oculta del paisaje

ecoturismo

El paleontólogo Juan Luis Arsuaga ha dicho varias veces algo fascinante: “Cuando alguien me pregunta cómo era la Prehistoria, siempre digo lo mismo: vete a un monte o a un bosque. Eso es la prehistoria. No verás bisontes, pero quizá veas un corzo u otros animales salvajes. Hay rocas, hay ríos, etc. Vive en ese medio. Eso es la prehistoria. De hecho, has vuelto a la prehistoria”. El único laboratorio donde los viajes en el tiempo son posibles es la naturaleza. Porque, más allá de las épocas, siempre es la misma, y lo único que cambia es nuestra forma de verla o interpretarla. Basta con volver a vivirla bajo la perspectiva y condiciones de otras épocas para que estas vuelvan a realizarse y sintamos lo que sentían, porque la naturaleza despertará igual en nosotros, que también somos los mismos. Renunciando, por ejemplo, a los avances del último siglo, como la electricidad. Entonces, como por arte de magia, el planeta vuelve a ser tan grande y misterioso como hace miles de años. Las montañas están donde estaban y los lugares que ocupamos, para los que no ha pasado el tiempo, son los mismos que ocuparon los primeros pobladores. Por eso el progreso no está escrito.

Ese poder de la naturaleza, que vive en contemporaneidad a todas las épocas, no es fácil de apreciar, pues vemos su paisaje como la fachada o punta del iceberg que es. Y aún peor las nuevas generaciones, que ven en ella un paisaje tan desechable como el mundo material que las rodea. No la miran como una catedral porque no perciben su valor patrimonial, labrado a lo largo de miles de años. Nadie les ha enseñado que la naturaleza está bebiendo del universo hasta que se tapia o mutila irreversiblemente. O que es un error asociarla al pasado, ya que a diferencia de nuestro mundo sintético o del espacio exterior, es en ella donde el universo evoluciona y prospera en directo como en ningún lugar, estrenándose en cada nueva vida. La “pureza” natural no es un legado virgen de las raíces o del origen, sino la frescura de esa constante actualización.

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El ecoturismo y el turismo rural pueden presumir de ser un puente entre el pasado y el presente, entre lo mejor del progreso y de la naturaleza, experimentando de camino las distintas formas de estar en el mundo que el hombre ha conocido, meta de los intérpretes de naturaleza. El pasado en el presente es posible leyendo entre líneas las distintas experiencias que ha despertado un paisaje y puede despertar, desplegando todas sus posibilidades y riqueza singular. Por ejemplo, uno de nuestros asociados, La Mallada, describe su paisaje desde la mirada medieval de los reyes de León, que recoge Pascual Mádoz en 1849: “Está situado en un estribo de los montes Aquilianos, formando una especie de anfiteatro rodeado de colinas desde el cual se domina toda la amena llanura de El Bierzo (…). Los reyes de León lo habían elegido para morada de recreo en los meses de estío por su frescura, bello paisaje y sus hermosas vistas”.