Turismo rural y agroturismo ecológico en España

El viaje como terapia de evasión

El viaje como terapia de evasión

Hay viajes cortos tras los que al volver parece que hubiesen pasado años. Pasan tantas cosas en tan poco tiempo, nuevas y distintas a lo cotidiano, que naces ante cada una y el tiempo se ralentiza para procesarlas, almacenando al final del día más historia de vida de lo que ordinariamente cunde una jornada. Por eso no hace falta irse muy lejos para hacer un gran viaje, ni haber estado en 50 países, porque el viaje tiene más que ver con la experiencia que con la distancia, y con el tiempo que con el espacio… Si el viaje es en solitario esta sensación crece, porque los vínculos personales pueden distraer o arrastrar la rutina de la que quieres evadirte o reinventarte. Eres tú y la carretera. Nada más. Por delante un sinfín de situaciones, escenarios y personas nuevas que pasan por ti de forma pasajera y fugaz, dejándote cada una algo nuevo e irrepetible. Puedes probar de cada una según aporte a tu camino, con tal sobredosis de libertad como si tu viaje fuese una vida que no acaba hasta que tú elijes y has probado todo lo que el mundo ofrece. Parece que al viajar fuésemos nómadas, porque ellos no ven pasar la vida, más bien la vida pasa por ellos. Lo transitorio y errante de sus viajes les acerca al mito, porque todo lo efímero es irrecuperable y su vida es una evocación constante.

Cuando al cabo de un rato de viaje te libras al fin de la rutina, entras en tierra de nadie, donde puede pasar cualquier cosa. Me paro en un bar de carretera, y aunque lo más lógico es ocupar la pequeña mesa de dos sillas, me siento en una de cuatro o de seis. Porque rodearme de sillas vacías me hace sentir menos solo que sentarme sólo ante una. Porque una silla vacía es más triste que cinco. La otra opción es acodarme en la barra a charlar. El viaje solitario no aísla, enriquece porque busca la reinvención personal entre otros contextos y vidas. Está claro que no hace falta coger el avión. En la naturaleza, sin ir más lejos, hay realidades tan ajenas a nuestra rutina que bastan pocos kilómetros para que el viaje de evasión surta efecto. ¿Qué efecto? La independencia de esa burbuja social o laboral que domina nuestro día a día y domestica el instinto nómada al que aún tenemos derecho.

El viaje como terapia de evasión