Turismo rural y agroturismo ecológico en España

Ni rural ni sostenible. 2017: Año Internacional del Turismo Integral

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2017 es el Año Internacional del Turismo Sostenible para el Desarrollo. ¿Qué importancia tiene? Decisiva. Quienes no estén familiarizados con el tema deben saber que el turismo insostenible no sólo altera un lugar al convertirlo en producto, sino nuestra capacidad para apreciar la realidad (tal cual es y como patrimonio). También altera nuestra forma de viajar, al convertirnos en consumidores, reduciendo el mundo a un paquete de destinos y servicios, y sus distancias (y ecosistemas) a un simple escollo. Viajar debería ser una vía de experiencia y conocimiento, pero ha entrado en una dinámica cuya máxima parece ser (como la cultura del entretenimiento), alejarnos de la realidad, conducirnos a lugares de diseño o ensueño que no existen. Pero ni en el propio destino, si rascas un poco, ni en el lugar donde vives, cuando dices “volver a la realidad”.

turismo sostenible

¿En qué consiste pues el turismo? ¿En evasión, distracción? ¿A qué coste? ¿Conocemos realmente el precio de esa ignorancia, de esa frivolidad? Obviamente el turismo es lúdico por definición, no se trata de ir por el mundo como agentes sociales, pero el ocio no es incompatible con la realidad, ni debe serlo a menos que la realidad del destino, aunque trágica, sea lo de menos mientras puedas tumbarte al sol o ver la tele. Si viajas para huir de la realidad, no critiques el mundo. O viaja con responsabilidad, exigiendo el mismo compromiso a tus hoteles y destinos. El turismo es una de las principales formas de activismo y transformación que como ciudadanos podemos ejercer.

Viajar no siempre ha sido así ni tiene por qué serlo. En el pasado se viajaba sin despegar los pies del suelo o la realidad, lo que era más incómodo, lento y peligroso. Hoy hemos pasado de forma drástica a vivir y viajar en una nube, de seguridad, confort y velocidad. La “aldea global” que acuñó McLuhan hace más de 5o años tiene aquí un sentido especial. Si el mundo es una aldea global (vecindario virtual sin distancias), corremos el riesgo de simplificar nuestra mirada y al propio planeta, o por el contrario, amplificar nuestra mirada, admirar la grandeza real y patrimonial del planeta y protegerla tendiendo puentes de forma coordinada y responsable: puentes entre legislaciones, transportes, servicios y touroperadores. Esos puentes ya se tienden a escala local mediante el asociacionismo, pero necesitan el apoyo gubernamental y social. Porque el turismo pide un cambio, pero se debate como el resto del mundo entre extremos. Entre lo global y lo local, entre la tradición y el progreso, la conservación de la naturaleza y la industrialización, el negocio y el interés general. Si como decían los clásicos, la virtud está en el equilibrio, el turismo sostenible ha llegado para materializar por fin ese equilibrio o puente entre extremos. Porque fomenta un turismo integral, moral y real (el que nos acerca a la realidad), al conciliar esos extremos:

  • Lo local con lo global: contribuir al medioambiente global desde la acción local.
  • El pasado con el futuro: sin despreciar la tradición, se enraíza en parte de sus valores para actualizarlos, modernizarlos y edificar con ellos el progreso (energías renovables, eficiencia energética…).
  • El negocio con el altruismo: busca la rentabilidad teniendo por límite el respeto medioambiental y social, como quien sabe que su libertad no existe sin aparejar deberes con los demás, principio liberal que el liberalismo económico ha olvidado muchas veces, instalado más en la ley del más fuerte, pero que la RSC (versión empresarial del progreso sostenible) quiere enmendar.
  • El mayor reto me parece conjugar la conservación de las culturas locales con su aperturismo a una cultura universal (no global), de mentalidad progresista, basada en valores universales, adaptando sus costumbres, creencias o religiones a la ética y la ciencia actual, sin dejar que por ello la técnica arrase su forma de vida.

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Este Año Internacional del Turismo Sostenible debería servir para inculcar en la sociedad y grabar a fuego una idea: el turismo sostenible no es un tipo de turismo, es el único. El único viable, y para ello convendría quitarle el apellido y visibilizar que el que merece etiqueta es el turismo insostenible. El turismo sostenible no es turismo verde o solidario, es turismo total, integral, porque es el único que respeta y preserva la realidad como un patrimonio (no como un producto) a todos los niveles.

Una buena forma de mostrarlo es medir la calidad de un destino o alojamiento por su grado de transversalidad o integración (local/global, tradición/progreso) y respeto a la realidad a cualquier escala patrimonial. Esas escalas son universales, cualquier destino puede visibilizarlas desde su singularidad local, a partir de productos turísticos afines que todos conocemos, aunque tendamos a ignorarlos o parcelarlos:

Astroturismo

Poder observar o entender un poco mejor el universo del que dependemos, a golpe de prismáticos, telescopio o a simple vista. Si hace falta, con mitología local, para darle gracia. El cielo estrellado es nuestro patrimonio natural más sagrado y antiguo. Un cielo que sostiene a nuestro suelo: la Tierra. La Ciencia no deja de avanzar cada día en la exploración del Cosmos, aprendamos de ella.

Geoturismo

El suelo que pisamos apareció antes que la vida o que cualquier cultura. Se le debe el privilegio de quererlo y conocerlo antes que a lo demás, por la historia que deposita y por sostener y explicar el paisaje que respiramos y admiramos, o a la cultura que vive en él. Por muy árida que parezca la geología, con gotas de imaginación florece. Vernadsky decía que la vida es una fuerza geológica.

Ecoturismo

Es la eclosión del turismo de naturaleza, y por ello también a veces una amalgama confusa. El ecoturismo integra al astroturismo y geoturismo, pero puede asociarse más a los ecosistemas y a la vida. La biodiversidad sigue siendo la vanguardia experimental y evolutiva del universo, no un vestigio del pasado. Somos nosotros los que nos aislamos en vez de cohabitar adaptando nuestro progreso a ella: turismo ornitológico, turismo meteorológico (conocer los vientos, la lluvia, el clima que da carácter y personalidad al paisaje), turismo botánico, turismo de salud o turismo activo (experiencias y aventura en la naturaleza). También el turismo rural y agroturismo (más vinculados al desarrollo humano y su cultura agraria), pero arraigados a la naturaleza.

Turismo social y cultural

Ya sea en su dimensión comprometida (voluntariado, accesibilidad y acción sobre la realidad social del destino) o lúdica: turismo industrial, etnográfico, gastronómico o artístico. Esta dimensión debería referirse a cualquier faceta humana con impacto sobre el territorio o el paisaje, respetando y dando a conocer el modo de vida local, siempre que este respete los niveles anteriores y se integre en su visión de conjunto.

Si concebimos el turismo sostenible de forma integral, como experiencia holística de la realidad, este modelo es homologable a cualquier destino/paisaje del mundo, preservando su patrimonio por escalas: atmósfera, geosfera, biosfera, antroposfera, noosfera (esfera cultural). Aunque este enfoque parezca apuntar solo a áreas rurales, el turismo sostenible no puede desvincularse de las ciudades y núcleos costeros, donde esta visión integral del paisaje salta por los aires y es más necesaria, porque también cada ciudad está definida por su patrimonio geológico o climático, por mucho que lo contamine o ignore. Sería un modelo aplicable a hoteles urbanos, que contribuyan en la medida de lo posible a hacer visible su paisaje integral, el patrimonio que define su destino singular y único.