Turismo rural y agroturismo ecológico en España

Turismo sostenible y educación: la necesidad de reordenar nuestras prioridades

turismo sostenible

El gran reto de la educación es optimizar el conocimiento desde un sentido racional y ético. Hace poco oí hablar de un libro: “El sentido del asombro”. Su título me atrajo porque ilustraba bien una idea que me interesa y que ya asomó varias veces por el blog, así que lo busqué hasta dar con él. El mensaje que lanza sobre la necesidad de desarrollar desde la infancia nuestros sentidos ante la naturaleza, viniendo de una científica (Rachel Carson, “La primavera silenciosa”), puede resumirse en su famosa cita: “Creo que para el niño, como para los padres que buscan guiarle, conocer no es ni la mitad de importante que sentir”.

Nacemos igual que hace miles de años, animales, pero inmediatamente nuestra cultura nos viste y educa para diferenciarnos de ellos y aislarnos de la naturaleza. Es como si nos uniformase y adiestrase de espaldas al planeta, por no decir en contra, fomentando más una cultura artificial que biológica. Si en vez de eso estimulase desde el nacimiento la identificación y conciencia de pertenencia al gran universo del que somos parte, natural y vivo antes que tecnológico, cultivando la innata sensibilidad infantil y biocultural, nuestra escala de prioridades cambiaría. No por eso dejaríamos de ser racionales o de progresar tecnológicamente, solo que desde otra empatía y cosmovisión.

El título original del libro, The sense of wonder, añade un matiz, porque wonder tiene doble sentido: maravillarse y preguntarse. Es el asombro, el misterio o el amor lo que incentiva la curiosidad y motiva el conocimiento. Nuestra cultura ha invertido las tornas, motivando el conocimiento por la utilidad, anteponiendo el pragmatismo y el materialismo a la emoción, y atrofiando así nuestra familiaridad intuitiva hacia la naturaleza como fuente de estímulos y horizonte de vida. No solo Rachel Carson denunció esta miopía. Aquí, Félix Rodríguez de la Fuente decía: “Se habla mucho de política, se habla mucho de deportes, se habla mucho de tecnología, pero la más acuciante de las decisiones del hombre actual es la conservación de la naturaleza”.

turismo sostenible

No son opiniones bohemias, son criterios científicos cada vez más respaldados, que piden un cambio en la Educación. Darwin acabó con Dios, pero no con nuestro Ego: aunque hace 160 años demostró que el hombre no es el centro del universo sino un animal entre miles, el antropocentrismo nos blinda de ellos más que nunca, como si Darwin no hubiese existido. Nuestros sentidos fueron seleccionados para interactuar con un medio al que hacemos oídos sordos. Pero si los niños son esponjas, un bautismo natural en el medio rural agudizará sus sentidos de por vida. Rachel Carson advertía ya en los 60 la tiranía de la cultura de la imagen sobre otros sentidos, y proponía proteger en los niños el olfato, el tacto, la imaginación o la curiosidad ante la naturaleza, en un camino iniciático no limitado a identificar animales de cuento, sino a despertar y hacer suya la vitalidad del mar, el bosque o la noche: su consciencia de pertenencia al ecosistema.

El error parece considerar esa conciencia una cuestión romántica y no una premisa racional o ética, derivada de la biología y de la escala real que ocupamos en el mundo. ¿Por qué en vez de ver la naturaleza como una realidad experiencial la vemos como algo aislado y paisajístico? Porque nuestro progreso se alejó de ella. Juzgamos más la naturaleza como un proceso físico que por cómo nos afecta, y al hacerlo dejamos de verla como seres vivos para hacerlo como entes abstractos. Es como juzgar un reloj por su maquinaria en vez de por dar la hora o juzgar a un pájaro por su anatomía en vez de porque vuela. Estamos empezando la Educación por el tejado. Me pregunto si no sería bueno reordenar nuestras prioridades. Empezar por la realidad natural y enseñar a los niños el lugar que ocupan en ella, despertándola en su conciencia, pues ante todo son seres vivos y sensuales. La química o la tecnología vendrán después. Hoy, que tantos niños nacen en esterilizadas ciudades, acudir a una escuela Waldorf o practicar turismo sostenible en el medio rural, interpretando el entorno natural, puede guiar su contacto con la naturaleza haciendo de la estancia un bautismo de vida. Su bienvenida al mundo, baño de realidad o primera experiencia.