Turismo rural y agroturismo ecológico en España

Del turismo rural al progreso sostenible

del turismo rural al progreso sostenible

El ecologismo ha arrastrado siempre el sambenito de idealista o utópico, percibiéndose como un movimiento juvenil o romántico defensor del Tití león dorado o los indios kawahivas… Contra él se esgrimió siempre el “progreso”. Todos los que por defender la naturaleza se oponían a los grandes intereses o avances se oponían al progreso. En aras del progreso se perpetraron las mayores atrocidades naturales o patrimoniales, y no podías más que resignarte ante la apisonadora opinión pública, que tildaba de ilusos a los que cuestionaban ese modelo de desarrollo. Hasta que empezaron a verle las orejas al lobo con las renovables, no había quien tosiera al progreso.

¿Pero qué progreso? ¿Humano o material? A nivel material, el primer mundo podía darse por satisfecho en los 90. ¿Puede progresarse indefinidamente? ¿Hacia dónde? ¿Qué es progreso? ¿El material y tecnológico o el moral y social? ¿Progreso humano o técnico? ¿Progresan la vida o los aparatos? ¿Las ideas y los valores o los intereses? Progreso era todo lo que innovase para satisfacer nuestras necesidades, pero cubiertas unas, aparecían otras. Esa idea de progreso no había sido acuñada en aras del bien común, sino por intereses espurios. Todos están de acuerdo en que la tecnología es un medio y no un fin, pero lo dicen rodeados de tecnología. El reto es el consumismo, la generación de residuos y la dependencia tecnológica.

El movimiento ecológico empezó a calar en los 90 por cosas como la lluvia ácida o el efecto invernadero, pero a pequeña escala. Lo máximo que logró fue hacernos reciclar, una tirita con la que muchos callaron su conciencia. Finalmente, el “calentamiento global” entró en escena. Pese a ello, la inercia del progreso voraz aún hacía que la ecología siguiese tachándose de religión, porque: ¿cómo echar freno a un mundo a velocidad-luz? Ya era tarde, y de perdidos al río. Este es uno de los grandes frenos a la implicación ambiental de la sociedad. Nuestro estilo de vida parece a años luz del ideal ecológico. Nos habían persuadido además de una única idea de futuro o progreso, tecnológico y urbano. Cualquier proyecto verde implicaba un atraso.

Del turismo rural al progreso sostenible

Hasta que aparecieron el progreso sostenible y las energías renovables. ¿Progresar ecológicamente? Solo aceptando que rectificar es de sabios y no implica retroceder, sino recuperar. La nueva idea venía de arriba y obligaba a los grandes poderes, que empezaron a pasar por el aro y a presumir de sostenibles y eficientes. ¿La razón? Ya no eran el Tití león dorado o los indios kawahivas, sino los recursos, que se agotaban. Así lo recogía el informe “Los límites del crecimiento” y las Naciones Unidas, que definieron el desarrollo sostenible como aquél capaz de satisfacer las necesidades de la generación presente sin comprometer las de las generaciones futuras. Esta idea de progreso sí estaba consensuada internacionalmente.

Entre los frentes desde los que el progreso sostenible se abre paso, uno de los de más impacto es el turismo, por la huella ecológica que genera. Buena forma de poner en valor el territorio es viajando, y en la naturaleza eso lo hace el turismo rural, que como insistimos desde este blog, no implica atraso ni pasado, sino una oportunidad de redefinir el hábitat natural y nuestro ideal de progreso y futuro.